26 de mayo de 2026
En su primera encíclica, León XIV cuestionó el poder de las grandes tecnológicas, advirtió sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y pidió proteger la dignidad humana frente al avance de los algoritmos.
El papa León XIV presentó esta semana su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas, y colocó en el centro del debate global uno de los temas más sensibles de esta época: el impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo, la vida humana y el poder económico mundial. En un documento histórico de más de 80 páginas, el Pontífice lanzó fuertes advertencias sobre los riesgos de la automatización, cuestionó la concentración tecnológica y pidió que el avance digital no se construya a costa de los trabajadores y trabajadoras.
La encíclica marca un posicionamiento inédito y contundente de la Iglesia Católica frente al crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y el enorme poder acumulado por las grandes corporaciones tecnológicas. Pero además, el texto tiene un fuerte contenido social y laboral que rápidamente comenzó a generar repercusiones políticas, sindicales y económicas en distintos países.
"No existe una IA moralmente neutral", afirmó León XIV en uno de los pasajes más contundentes del documento. Allí sostuvo que la inteligencia artificial "asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza", dejando en claro que detrás de cada algoritmo existen intereses económicos, políticos y empresariales concretos.
El Papa alertó especialmente sobre el impacto de la automatización sobre el empleo y señaló que la revolución tecnológica ya está modificando profundamente el mundo del trabajo, generando exclusión, precarización y nuevas desigualdades.
En uno de los capítulos centrales de la encíclica, León XIV advirtió que la llamada "cuarta revolución industrial" podría destruir millones de puestos laborales si no existen regulaciones claras que protejan a los trabajadores.
"La tecnología no libera al conflicto de su dimensión humana", escribió el Pontífice, al tiempo que cuestionó la idea de delegar decisiones fundamentales en sistemas automatizados. "No es posible confiar decisiones irreversibles y letales a sistemas de inteligencia artificial", sostuvo en referencia tanto al ámbito militar como a los sistemas automatizados de gestión social y económica.
Pero más allá de las guerras y la seguridad internacional, el eje más fuerte del documento aparece vinculado al mundo laboral. León XIV sostuvo que el trabajo no puede quedar subordinado a la lógica del beneficio económico ni a la concentración tecnológica, y reclamó que la revolución digital esté acompañada por políticas que garanticen empleo digno, derechos laborales y distribución equitativa de los beneficios generados por la innovación.
El Pontífice cuestionó además el enorme poder acumulado por las grandes empresas tecnológicas y advirtió sobre la concentración de datos, recursos y capacidad de decisión en manos de pocas corporaciones privadas.
"En la era de la IA y la robótica ya no es posible depender ciegamente de la 'mano invisible' del mercado", afirmó el Papa, en un mensaje que también fue leído como una crítica directa a los modelos de desregulación extrema y concentración económica que avanzan en distintas partes del mundo.
La encíclica también dedica varios pasajes al impacto de la inteligencia artificial sobre los jóvenes y el empleo futuro. León XIV señaló que muchos adolescentes y trabajadores jóvenes están siendo empujados a un escenario de incertidumbre laboral permanente, marcado por la automatización, la hiperconectividad y la precarización.
"Las nuevas formas de trabajo no necesariamente son mejores", sostuvo el Papa, quien además pidió evitar que la tecnología termine clasificando a los trabajadores únicamente en función de productividad, rendimiento o eficiencia algorítmica.
En otro de los tramos más fuertes del texto, León XIV llamó directamente a "desarmar la IA" y sustraerla "de la lógica militar, económica y cognitiva". Allí advirtió que el avance tecnológico sin regulación podría consolidar un nuevo sistema de dominación global basado en datos, vigilancia y control social.
La preocupación papal también alcanza a las redes sociales y al manejo de información digital. El documento denuncia que los algoritmos actuales muchas veces fomentan la desinformación, manipulan percepciones y profundizan la fragmentación social, afectando especialmente a niños, adolescentes y trabajadores expuestos a nuevas formas de explotación digital.
Además, el Papa cuestionó el concepto de "guerra justa" y sostuvo que la revolución tecnológica está modificando incluso la manera en que se toman decisiones sobre la vida y la muerte. "Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable", escribió.
Otro de los capítulos más impactantes de la encíclica fue el histórico pedido de perdón de la Iglesia por su rol en la legitimación de la esclavitud durante siglos. León XIV reconoció que la Santa Sede tardó demasiado tiempo en condenar formalmente esas prácticas y calificó ese silencio como "una herida en la memoria cristiana".
Sin embargo, el núcleo político y social del documento aparece atravesado por una idea central: la defensa de la dignidad humana frente a un modelo tecnológico que avanza cada vez más rápido y con menos controles.
León XIV insistió en que la inteligencia artificial no puede quedar librada exclusivamente al mercado ni a las corporaciones privadas y reclamó regulaciones internacionales, controles públicos y participación social para definir los límites éticos de estas tecnologías.
En ese marco, el Papa también lanzó una advertencia que impactó especialmente en el mundo laboral: si la revolución tecnológica no es acompañada por políticas de protección social y defensa del empleo, millones de personas podrían quedar excluidas de los beneficios del progreso digital.
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