28 de mayo de 2026
El organismo difundió un documento que contempla una reforma tributaria regresiva: menos impuestos a las empresas, más carga sobre quienes cobran un sueldo.
El Fondo Monetario Internacional acaba de dejar en blanco y negro lo que muchos dirigentes sindicales venían advirtiendo desde que se firmó el acuerdo: el costo del ajuste lo van a pagar, una vez más, los trabajadores. En un documento técnico publicado junto a la segunda revisión del acuerdo vigente -apenas horas después de que el organismo desembolsara otros 1.000 millones de dólares- el staff del FMI delineó con precisión quirúrgica qué reformas espera que el Gobierno implemente antes de fin de año. La conclusión es tan simple como inquietante: menos impuestos a las empresas, más carga tributaria efectiva sobre asalariados, jubilados y pequeños contribuyentes.
El documento en cuestión se llama "Argentina: temas seleccionados" y circuló en los mismos círculos técnicos que decidieron, esta semana, girarle al país otro tramo del préstamo multimillonario que sostiene el programa de Javier Milei. Uno de sus ejes centrales es la ampliación del universo de trabajadores que pagan el Impuesto a las Ganancias. El organismo reclama volver al criterio de 2019, cuando al menos el 20% de los trabajadores formales tributaba ese impuesto. Hoy, según datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), ese porcentaje ronda apenas el 1% de los empleados registrados -una caída abrupta provocada por la reforma que impulsó Sergio Massa en 2023, durante la campaña electoral, que luego fue parcialmente revertida por el gobierno libertario.
"Llevar la cobertura al 20% implicaría que 2,3 millones de personas vuelvan a pagar Ganancias": trabajadores que hoy quedan fuera del tributo volverían a ver descuentos en su recibo de sueldo.
La magnitud del número no es menor. Llevar la cobertura al 20% implicaría que 2,3 millones de personas volverían a pagar Ganancias. Trabajadores que hoy quedan fuera del tributo verían descuentos en su recibo de sueldo, en un contexto en el que el poder adquisitivo todavía no se recuperó de los golpes inflacionarios de los últimos dos años. Actualmente, según la ley 27.743 -aquella de "medidas paliativas y relevantes" que se debatió en el Congreso- el impuesto alcanza a quienes tienen un salario neto superior a los 2.490.038 pesos, equivalente a una remuneración bruta de alrededor de 3.000.000 de pesos. Para quienes tienen hijos a cargo, el piso es algo más alto: el salario neto debe superar los 4.000.000 de pesos para quedar alcanzado. El FMI quiere que ese piso baje, y que mucha más gente quede dentro.
No es el único frente de ataque. El organismo también pone en la mira al Monotributo, el régimen simplificado que desde hace casi tres décadas permite que trabajadores independientes, pequeños comerciantes y prestadores de servicios se incorporen de manera sencilla al sistema impositivo y a la seguridad social. El FMI reconoce que el régimen ayudó a formalizar trabajadores y ampliar la cobertura previsional y de salud, pero insiste en que genera "fuertes distorsiones" respecto del régimen general, que produce "fragmentación empresarial" y que limita el crecimiento de las empresas. Por eso, reclama que se lo "alinee" con el régimen general -lo que en la práctica significaría una suba importante en las cuotas que pagan millones de pequeños contribuyentes- y que quienes lo utilizan pasen gradualmente a ser responsables inscriptos en el IVA.
La propuesta, presentada con el lenguaje técnico y aséptico que caracteriza a los informes del Fondo, implica en términos concretos que millones de personas que hoy tienen una carga tributaria relativamente previsible pasen a enfrentar las alícuotas y las obligaciones del régimen general, consideradas históricamente más gravosas para quienes están en los tramos más bajos de facturación. El propio organismo calcula que estos cambios podrían aportar entre 0,4% y 1% adicional del PBI en recaudación -un número que suena modesto en términos macroeconómicos pero que, distribuido sobre las espaldas de quienes facturan poco, puede resultar devastador.
Lo que el documento no dice con la misma claridad es lo que ocurre del otro lado de la ecuación. Mientras el Fondo exige más impuestos al trabajo, también pide menos impuestos a las empresas. El informe reclama avanzar gradualmente en la reducción de impuestos considerados "más dañinos para la actividad económica": las retenciones al campo y la industria, el impuesto al cheque, los impuestos a las exportaciones de cereales y oleaginosas -que el organismo estima que podrían sumar unos 5.000 millones de dólares anuales adicionales de divisas para la economía argentina-, y las tasas reducidas y exenciones de IVA. En paralelo, pide que se fortalezcan los impuestos patrimoniales provinciales. Es decir: menos carga sobre el capital, más carga sobre el ingreso de las personas.
Javier Milei llegó al poder prometiendo una reducción drástica de impuestos. Ahora, el organismo que financia su programa reclama exactamente lo contrario: una expansión de la carga tributaria efectiva sobre trabajadores registrados y pequeños contribuyentes.
La tensión política que abre este escenario es evidente. Javier Milei llegó al poder prometiendo una reducción drástica de impuestos y denunciando la "presión fiscal asfixiante" sobre el sector privado. Ahora, el organismo que financia su programa reclama exactamente lo contrario: una expansión de la carga tributaria efectiva sobre trabajadores registrados y pequeños contribuyentes. El Gobierno ya se comprometió ante el Fondo a presentar una propuesta de reforma tributaria antes de fin de año. Desde el Ministerio de Economía no respondieron las consultas periodísticas sobre cómo piensan compatibilizar ese compromiso con la promesa electoral de bajar impuestos.
Economistas críticos del acuerdo advirtieron que la propuesta del FMI tiene una característica que merece atención especial: no menciona en ningún momento impuestos a los sectores de mayores ingresos. "El Fondo no habla nada sobre impuestos a los súper ricos, a pesar de que en el mundo se está hablando de esto", señaló el economista de Fundar Guido Zack, uno de los pocos especialistas que salió públicamente a cuestionar el carácter regresivo de las reformas propuestas. Zack también planteó una alternativa distinta para Ganancias: en lugar de bajar el mínimo no imponible, unificar el impuesto con las contribuciones personales, que actualmente representan un descuento fijo del 11% para todos los trabajadores. "La unificación permitiría beneficiar a los salarios más bajos, pero que quienes tienen salarios más altos paguen un poco más", explicó.
El contexto en el que llega este documento no es menor. Las reservas internacionales brutas del Banco Central cerraron el martes con una baja de 41 millones de dólares, para ubicarse en 47.867 millones -muy lejos todavía del nivel que los propios técnicos del Fondo consideran necesario para sostener el programa cambiario-. El dólar oficial mayorista cerró en 1412,5 pesos para la venta, su nivel más alto en un mes, mientras que el dólar paralelo se mantuvo cerca del techo del esquema de bandas. En ese contexto de fragilidad, el Gobierno necesita el respaldo del Fondo, y el Fondo cobra ese respaldo en reformas. El problema es quién termina pagando la cuenta.
Desde el movimiento sindical, la lectura es clara. El acuerdo con el FMI no es un programa de estabilización neutral: tiene ganadores y perdedores. Los ganadores son los sectores que se benefician de la baja de retenciones, de la eliminación del impuesto al cheque y de la reducción de las cargas sobre el capital. Los perdedores son los trabajadores que van a ver cómo el Estado les retiene una parte de su salario que hasta ahora quedaba fuera del impuesto, y los monotributistas que van a ver cómo sube el costo de su formalización. En un país donde el salario real todavía no recuperó los niveles prepandemia y donde la pobreza estructural sigue afectando a millones de hogares, pedirle más al trabajo mientras se le exige menos al capital no es una política técnica: es una decisión política. Y como toda decisión política, tiene nombre y apellido.
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