6 de noviembre de 2026

Trabajo

Trabajo. Fuga de cerebros récord: la ciencia argentina perdió 8.496 puestos de trabajo desde que asumió Milei

Un informe del sistema científico revela una caída del 11,3% en el empleo público del sector, con el CONICET, el INTA y el INTI entre los organismos más afectados.

El sistema científico y tecnológico argentino atraviesa una de las crisis laborales más profundas de su historia reciente. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, en diciembre de 2023, se perdieron 8.496 puestos de trabajo en organismos públicos dedicados a la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. La reducción representa una caída del 11,3% de la dotación del sector y profundiza un escenario de pérdida de capacidades científicas y dificultades para retener investigadores en el país.

Los datos surgen del último informe del Grupo EPC-CIICTI, que analizó la evolución del empleo en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación hasta septiembre de 2026. El relevamiento muestra que la destrucción de puestos laborales no solamente continúa, sino que se aceleró durante los últimos meses. En promedio, desde diciembre de 2023 desaparecieron 8,5 empleos por día, una cifra que refleja el alcance de la política de reducción del Estado aplicada por el Gobierno nacional.

La situación se agravó especialmente durante el tercer trimestre de 2026, cuando se perdieron 2.096 puestos de trabajo, equivalentes a un promedio de 22,8 empleos diarios. El dato evidencia una aceleración del ajuste sobre instituciones fundamentales para la investigación científica, la producción de conocimiento y la transferencia tecnológica hacia distintos sectores de la economía.

Entre los organismos más afectados aparece el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que perdió 2.965 cargos y becas desde diciembre de 2023. De ese total, 1.153 corresponden a personal de carrera, apoyo y administración, mientras que otros 1.812 representan becas de investigación. La reducción afecta tanto a investigadores consolidados como a jóvenes profesionales que buscan desarrollar una carrera científica en la Argentina.

El panorama también es crítico en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que acumula 1.865 puestos de trabajo menos, una reducción del 27,3% de su planta. Solamente entre junio y septiembre de 2026, el organismo perdió 981 empleos. Por su parte, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) registró 893 bajas y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) perdió otros 632 puestos, profundizando el deterioro de áreas estratégicas para la producción nacional.

La pérdida de trabajadores científicos no implica únicamente una reducción de personal, sino también un debilitamiento de las capacidades tecnológicas del país. La salida de profesionales altamente especializados afecta la continuidad de proyectos de investigación, el funcionamiento de laboratorios y la formación de nuevas generaciones de investigadores. Además, genera dificultades para sostener desarrollos vinculados con la industria, la salud, la energía, la producción agropecuaria y otras actividades estratégicas.

En paralelo, el deterioro de los salarios, la reducción de los presupuestos y la incertidumbre sobre la continuidad laboral alimentan el fenómeno de la fuga de cerebros. Investigadores y profesionales que se formaron en universidades y organismos públicos argentinos encuentran cada vez mayores dificultades para desarrollar sus carreras dentro del país. Algunos optan por buscar oportunidades en el exterior, mientras otros abandonan la investigación para incorporarse a actividades diferentes. Sin embargo, el informe de empleo no permite determinar cuántos de los 8.496 puestos perdidos corresponden específicamente a emigraciones.

La magnitud del retroceso adquiere mayor importancia cuando se compara la cantidad de investigadores argentinos con los estándares internacionales. La Argentina cuenta con aproximadamente 2,8 investigadores equivalentes a jornada completa por cada mil integrantes de su población económicamente activa, frente a un promedio de 9,7 en los países de la OCDE. Es decir, el país dispone de menos de un tercio de los investigadores que registran, en promedio, las economías más desarrolladas. La comparación contradice la idea de que el sistema científico argentino tiene una dotación excesiva.

El ajuste también compromete el futuro de la investigación nacional en un contexto internacional donde el conocimiento y la tecnología constituyen factores centrales para el desarrollo económico. Mientras otros países buscan ampliar sus capacidades científicas, la Argentina registra una reducción sostenida de recursos humanos en instituciones que demandaron décadas de inversión pública para consolidarse. La pérdida de profesionales formados representa, además, un costo difícil de recuperar en el corto plazo.

El informe del Grupo EPC-CIICTI confirma que la reducción del empleo científico se aceleró durante 2026 y que los principales organismos nacionales continúan perdiendo personal. La evolución del presupuesto para 2027, la recuperación de los salarios y las políticas de incorporación de investigadores serán determinantes para establecer si el sistema puede frenar el deterioro. Por el momento, los datos muestran una pérdida sostenida de capacidades científicas y tecnológicas, con consecuencias para el desarrollo productivo y el futuro de la investigación argentina.

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