6 de noviembre de 2026
La crisis del banco paraguayo Ueno alcanzó a una empresa tecnológica con operaciones en Buenos Aires, que suspendió personal sin goce de sueldo y reconoció que no tiene fondos para pagar salarios.
El modelo económico de Paraguay, que Javier Milei presentó públicamente como un ejemplo para la Argentina y toda Sudamérica, atraviesa una crisis financiera que ya tiene consecuencias directas sobre trabajadores argentinos. El colapso de Ueno Bank, una de las entidades financieras del país vecino, provocó suspensiones sin goce de sueldo en ITTI, una empresa tecnológica del mismo grupo empresario que emplea a cerca de mil personas en territorio argentino. La compañía también reconoció que no cuenta con los recursos necesarios para pagar los salarios adeudados de octubre.
El contraste político resulta significativo. En abril de 2025, durante una visita oficial a Asunción, Milei elogió las políticas económicas del presidente paraguayo Santiago Peña y aseguró que ambos países serían un ejemplo para Sudamérica. El mandatario argentino destacó entonces la apertura económica, el equilibrio fiscal y la atracción de inversiones como pilares del crecimiento paraguayo. Sin embargo, la crisis de Ueno Bank, aunque no representa por sí sola el desempeño de toda la economía de Paraguay, expone las consecuencias que puede generar el derrumbe de un conglomerado financiero sobre sus trabajadores.
La empresa afectada es IT Consultores SAECA (ITTI), integrante del Grupo Vázquez, un conglomerado paraguayo que reúne alrededor de 30 compañías y controla Ueno Bank. La tecnológica se especializa en el desarrollo de soluciones digitales para el sector financiero y mantiene una importante estructura operativa en la Argentina, donde presta servicios vinculados con plataformas bancarias, procesamiento de transacciones, tarjetas de crédito, transferencias y sistemas de inversión.
La crisis se profundizó después de que el Banco Central del Paraguay dispusiera un procedimiento de resolución e intervención sobre Ueno Bank, una entidad que contaba con cerca de tres millones de clientes. El escándalo también derivó en una investigación sobre sus autoridades, con la detención del empresario Miguel Vázquez y otros integrantes del directorio. Las dificultades financieras del banco terminaron afectando a las compañías vinculadas que dependían de sus operaciones y recursos.

En la Argentina, ITTI opera a través de Kaitel SRL y cuenta con aproximadamente 940 trabajadores, aunque algunas estimaciones periodísticas ubican la dotación cerca de las mil personas. La compañía comunicó a parte de su personal una suspensión por 30 días sin goce de haberes, desde el 5 de noviembre hasta el 4 de diciembre inclusive. La decisión fue notificada mediante correos electrónicos, sin que los empleados hubieran recibido previamente explicaciones claras sobre la situación de la empresa.
La situación es todavía más grave porque los trabajadores denunciaron que tampoco cobraron los salarios correspondientes a octubre. La empresa reconoció que las restricciones financieras derivadas de la crisis bancaria afectaron su capacidad de funcionamiento y admitió que no tiene garantizados los fondos para afrontar las remuneraciones de noviembre. Mientras una parte del personal fue suspendida, otros empleados recibieron instrucciones para continuar trabajando de manera remota en funciones consideradas esenciales.
El trabajador Mauricio Keorkis relató que los empleados se enteraron de la crisis cuando la situación de Ueno Bank tomó estado público y que posteriormente perdieron el acceso a los sistemas informáticos. La incertidumbre alcanza tanto a quienes fueron suspendidos como a quienes deben continuar prestando servicios sin garantías sobre el cobro de sus salarios. La empresa justificó la medida por razones de fuerza mayor y aseguró que mantendrá la cobertura de medicina prepaga durante el período de suspensión.
La crisis también expuso las particularidades del esquema laboral utilizado por el grupo empresario en la Argentina. Según denunciaron trabajadores, una parte de las remuneraciones se abonaba mediante mecanismos locales y otra a través de plataformas internacionales de pago, una modalidad que genera interrogantes sobre el cumplimiento de las obligaciones laborales, los aportes, el aguinaldo y las eventuales indemnizaciones. La firma había inaugurado oficinas en el barrio porteño de Belgrano durante 2025, en el marco de un proceso de expansión que posteriormente comenzó a mostrar dificultades.

El impacto laboral ya había comenzado antes del colapso bancario. De acuerdo con testimonios recogidos por la prensa, ITTI había reducido su personal en aproximadamente 200 puestos durante agosto, después de una etapa de crecimiento acelerado que llevó a la compañía a contar con cerca de 1.200 empleados. La intervención de Ueno Bank profundizó esa situación y dejó a los trabajadores argentinos frente a un escenario de suspensiones, salarios pendientes y dudas sobre la continuidad de sus fuentes de empleo.
El caso pone en evidencia cómo una crisis financiera originada fuera del país puede trasladarse rápidamente al mercado laboral argentino, especialmente cuando empresas que operan localmente dependen de grupos económicos extranjeros. Mientras el Gobierno de Milei había presentado a Paraguay como una referencia de estabilidad y crecimiento, los empleados de ITTI enfrentan hoy las consecuencias de la caída de una de sus principales entidades financieras. La compañía aseguró que realizará gestiones para normalizar sus operaciones y que los suspendidos deberán reincorporarse el 5 de diciembre, salvo nuevas comunicaciones. Por el momento, no hay precisiones sobre cuándo se abonarán los salarios adeudados ni sobre la continuidad de todos los puestos de trabajo.
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