15 de agosto de 2026
Una charla de Educación Sexual Integral en una escuela de San Martín de los Andes permitió que la niña identificara lo ocurrido durante una consulta odontológica y pudiera contarlo. El caso llegó a juicio casi dos años después.
Una clase de Educación Sexual Integral (ESI) fue determinante para que una niña de 9 años pudiera reconocer que una situación que había atravesado durante una consulta odontológica no formaba parte de una práctica médica habitual. A partir de las herramientas recibidas en la escuela, pudo poner en palabras lo sucedido y comenzó una investigación judicial que se extendió durante casi dos años.
El hecho ocurrió en San Martín de los Andes, Neuquén, en 2024. Según lo reconstruido durante el proceso, la niña había concurrido a una consulta con un odontólogo y tiempo después, tras participar de una charla de ESI, logró identificar que había atravesado una situación de abuso. La revelación fue comunicada a los adultos y posteriormente llegó a la Justicia.
El avance de la causa tuvo un momento clave el 8 de septiembre de 2025, cuando la Fiscalía formuló cargos contra el profesional. En esa instancia, la Justicia dispuso además como medida cautelar la prohibición de contacto del acusado con la víctima mientras continuaba la investigación.
Sin embargo, apenas dos meses después, durante una audiencia de control de la investigación, el Ministerio Público Fiscal solicitó el sobreseimiento del imputado. La decisión fue rechazada por la Defensoría de los Derechos del Niño y el Adolescente, que participaba como querella institucional y pidió una prórroga para continuar produciendo pruebas.
La causa finalmente llegó a juicio y uno de los elementos centrales fue el testimonio de la niña brindado en Cámara Gesell, un procedimiento especialmente preparado para recibir la declaración de niños y adolescentes evitando exposiciones innecesarias. Su relato fue analizado junto con otros testimonios y elementos incorporados al expediente.
Al resolver el caso, el juez Maximiliano Bagnat consideró que el testimonio de la víctima había sido creíble, espontáneo y persistente a lo largo del tiempo. También sostuvo que existía coherencia entre lo relatado por la niña y las declaraciones de otras personas vinculadas con el proceso mediante el cual pudo revelar lo ocurrido.
Con esos elementos, el odontólogo fue declarado penalmente responsable por el delito de abuso sexual simple en perjuicio de la niña. La sentencia fue dictada el 5 de julio, aunque el pronunciamiento todavía no se encuentra firme y puede ser recurrido por las partes.
El caso volvió además a poner en primer plano el papel de la Educación Sexual Integral como herramienta de prevención y protección de las infancias. De acuerdo con lo destacado durante el proceso, fue justamente una charla escolar la que permitió que la niña comprendiera que aquello que había vivido no era normal ni correspondía a una práctica odontológica.
La intervención de la escuela, la posibilidad de que la niña pudiera hablar y la continuidad de la investigación pese al pedido inicial de sobreseimiento resultaron decisivas para que el caso llegara a juicio. Para los organismos de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, situaciones como esta muestran la importancia de brindar herramientas que permitan reconocer vulneraciones, pedir ayuda y encontrar espacios seguros donde poder contarlas.
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