28 de septiembre de 2026
Cada vez más trabajadores recurren a bebidas energéticas para sostener jornadas extensas y combatir el cansancio.
Las bebidas energéticas dejaron de ser un producto asociado exclusivamente a adolescentes, fiestas o deportistas. Cada vez aparecen con mayor frecuencia en manos de trabajadores que necesitan mantenerse despiertos, sostener el ritmo y completar jornadas laborales extensas, muchas veces atravesadas por horas extras, más de un empleo o largas horas en la calle.
Repartidores, albañiles, choferes, trabajadores de fábricas y personas que desarrollan actividades físicamente exigentes forman parte de una escena cada vez más habitual: una lata para combatir el sueño y seguir trabajando. El fenómeno expone algo que va mucho más allá del crecimiento comercial de estas bebidas: la dificultad de amplios sectores para encontrar tiempo suficiente para descansar.
Estos productos contienen altas concentraciones de cafeína, además de componentes como taurina, guaraná, ginseng, vitaminas y azúcares. Dependiendo de la marca y la presentación, una sola lata puede concentrar una cantidad de cafeína equivalente a varias tazas de café, algo que genera preocupación entre especialistas cuando su consumo se vuelve frecuente o se combina con jornadas de poco descanso.
El mercado, mientras tanto, continúa expandiéndose. Durante el período 2024-2025, las bebidas energéticas generaron entre 503 y 516 millones de dólares en Argentina, mientras que el consumo alcanzó aproximadamente 125 millones de latas anuales, con un promedio estimado de 2,3 litros por habitante. Las proyecciones comerciales anticipan incluso un crecimiento adicional durante los próximos años.
Pero detrás de esas cifras aparece otra pregunta: ¿por qué un trabajador necesita consumir estimulantes para completar su jornada? El crecimiento de estas bebidas coincide con modalidades laborales caracterizadas por horarios extendidos, trabajos por demanda, pluriempleo y actividades en las que los ingresos dependen directamente de permanecer más tiempo trabajando.
El caso de los repartidores resulta particularmente gráfico. Cuantas más horas permanecen en actividad, mayores posibilidades tienen de sumar viajes e ingresos. El cansancio deja entonces de funcionar como un límite natural y comienza a convertirse en un obstáculo que hay que superar para seguir produciendo. Las bebidas energéticas aparecen como una solución rápida frente a una problemática laboral y social mucho más profunda.
También cambió la forma en que las empresas promocionan estos productos. Si inicialmente estaban vinculados principalmente al deporte y al rendimiento físico, con los años el marketing incorporó conceptos como productividad, concentración, energía y resistencia, ampliando su público hacia jóvenes, estudiantes y trabajadores. La promesa es simple: cuando aparece el cansancio, todavía se puede continuar.
El problema es que el cuerpo sigue necesitando descanso. El consumo elevado de cafeína puede provocar taquicardia, aumento de la presión arterial, ansiedad, irritabilidad y alteraciones del sueño, especialmente cuando se combina con falta de descanso o se ingieren grandes cantidades en poco tiempo.
El crecimiento de los energizantes abre así una discusión que excede al consumo individual. Detrás de una lata puede haber un trabajador intentando extender unas horas más una jornada que ya debería haber terminado. En un mercado laboral atravesado por la necesidad de producir más, sumar ingresos y aprovechar cada hora disponible, el cansancio también comenzó a convertirse en un negocio.
La paradoja es evidente: se venden productos para seguir funcionando cuando el cuerpo pide parar. Y en una época en la que para muchos trabajadores descansar significa resignar ingresos, los energizantes encuentran un terreno cada vez más fértil: el de quienes necesitan aguantar como sea.
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