16 de enero de 2026
La central obrera redefine su estrategia en el Congreso: quiere evitar que la iniciativa del Gobierno se trate en sesiones extraordinarias y apostar a la apertura del período ordinario para habilitar contraproyectos.
La Confederación General del Trabajo (CGT) ajustó su táctica parlamentaria frente a la reforma laboral que impulsa el Gobierno y apunta ahora a demorar su tratamiento hasta la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el próximo 1° de marzo. La jugada busca cambiar las reglas del debate legislativo y habilitar la presentación de proyectos alternativos, algo que no ocurre durante el período de extraordinarias.
El cotitular de la CGT, Jorge Sola, fue explícito al detallar la postura de Azopardo frente a los senadores. "Vamos a oponernos, a tratar de convencerlos de que no se trate en extraordinarias", sostuvo, al advertir que muchos artículos de la reforma son inconstitucionales y que, en los hechos, la iniciativa "permite desprenderse de un empleado formal de manera más rápida y más barata".
La clave de la estrategia sindical es política y reglamentaria. Durante las sesiones extraordinarias, solo el Poder Ejecutivo puede presentar proyectos, lo que deja a la CGT y a los bloques opositores sin margen formal para impulsar alternativas. En diciembre, esa limitación permitió patear el debate hacia febrero, y ahora la central obrera intenta llevarlo directamente a marzo, cuando se inicie el período ordinario.
Con la apertura de la Asamblea Legislativa, el escenario cambia: legisladores y bloques podrán presentar contraproyectos, y tanto la CGT como el peronismo ya tienen iniciativas propias preparadas. "Tenemos que armar un proyecto que incluya la modernización desde las nuevas modalidades de producción hasta los nuevos modos de trabajo, sin quita de derechos", planteó Sola, marcando la diferencia con la propuesta oficial.
El dirigente también advirtió que la reforma oficial apunta a debilitar a los sindicatos, no solo desde lo económico, sino en su capacidad de representación. "Limitan el derecho de huelga y la posibilidad de defender a los trabajadores", señaló en declaraciones radiales, al tiempo que reclamó un verdadero plan de inversión productiva, ausente -según afirmó- en la agenda del Ejecutivo.
En ese marco, la CGT intensificó las conversaciones con senadores, gobernadores y distintos espacios políticos, incluidos sectores del peronismo y del radicalismo, para bloquear el tratamiento exprés de la reforma. "Somos una oposición constructiva", insistió Sola, aunque dejó en claro que el debate de fondo recién comenzará cuando el Congreso funcione a pleno.
Así, la central sindical apuesta a ganar tiempo, cambiar el terreno legislativo y disputar el contenido de la reforma. El objetivo es claro: sacar la discusión de las extraordinarias, llegar a marzo y enfrentar el proyecto oficial con iniciativas propias, en un escenario donde el Congreso tenga mayor margen de deliberación y el Ejecutivo ya no sea el único actor con poder de iniciativa.
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