15 de agosto de 2026
Facundo Chrestia fue uno de los investigadores afectados por los recortes en el organismo científico y, pese a quedar sin continuidad laboral, participó de un avance que abre nuevas perspectivas para el desarrollo de tratamientos neurológicos.
La historia de Juan Facundo Chrestia expone una de las contradicciones que atraviesa actualmente al sistema científico argentino. El investigador, de 35 años y formado en la universidad pública, fue uno de los científicos que quedaron sin continuidad en el CONICET y posteriormente participó de un hallazgo de relevancia internacional vinculado al funcionamiento del cerebro y al posible desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades neurológicas.
El trabajo científico permitió identificar con mayor precisión cómo actúa el cannabidiol (CBD) sobre el receptor nicotínico alfa-7, una proteína presente en el sistema nervioso que cumple un papel relevante en la comunicación entre las neuronas. Este receptor se encuentra vinculado con procesos como la memoria, el aprendizaje y la cognición, y sus alteraciones también son estudiadas por su relación con distintas enfermedades neurológicas y neurodegenerativas.
La investigación fue realizada desde el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), dependiente de la Universidad Nacional del Sur y el CONICET, junto con científicos de instituciones británicas. Los resultados alcanzaron difusión internacional y fueron publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las revistas científicas de referencia a nivel mundial.
El avance resulta importante porque conocer el sitio específico donde actúa el CBD sobre el receptor alfa-7 puede permitir avanzar en el diseño de medicamentos más selectivos y eficaces. El objetivo a futuro es desarrollar moléculas capaces de modular ese receptor de manera controlada, una línea de investigación que podría aportar nuevas herramientas para abordar patologías que afectan al sistema nervioso.
Pero mientras su trabajo científico producía resultados, la situación laboral de Chrestia tomó el camino contrario. El investigador quedó fuera del CONICET tras finalizar su beca posdoctoral, en un contexto de fuerte reducción de oportunidades y continuidad para becarios e investigadores. Su caso quedó enmarcado en la situación de cerca de 400 científicos afectados por las desvinculaciones y la falta de nuevas posiciones dentro del organismo.
Chrestia explicó que atravesaba uno de los momentos de mayor desarrollo de su carrera científica cuando perdió su lugar dentro del sistema. Después de más de una década de formación e investigación sobre el receptor alfa-7, la falta de continuidad lo obliga ahora a buscar alternativas laborales para poder seguir investigando, una situación que también atraviesan numerosos profesionales formados durante años con recursos del Estado.
El caso vuelve a poner en debate las consecuencias del ajuste sobre la ciencia argentina. Mientras investigadores formados en universidades públicas producen conocimientos que alcanzan publicaciones internacionales y pueden contribuir al desarrollo de futuros tratamientos médicos, la reducción de becas y oportunidades laborales amenaza con expulsarlos del sistema científico. La situación de Chrestia sintetiza esa contradicción: fue apartado del CONICET y, aun así, continuó produciendo conocimiento con potencial impacto sobre enfermedades neurológicas.
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