29 de agosto de 2025

OBRAS SOCIALES

OBRAS SOCIALES. ATE, cada vez más parecido a Milei

Las acusaciones de ATE contra Unión Personal se leen más como una jugada política que como una defensa genuina de la salud de los trabajadores.

por
T. Ludlow

En los últimos días se difundieron acusaciones de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) contra la obra social Unión Personal. Se habla de supuestos "coseguros ilegales" y de restricciones de prestaciones a quienes no estén afiliados al sindicato. Frente a este relato, conviene aportar una mirada completa: no se trata de una batalla entre dos gremios en pie de igualdad, sino de una embestida unilateral de ATE, dado que UPCN no ha respondido a ninguna de las acusaciones ni a los agravios dirigidos a su secretario general.

Salud sindical: un sistema solidario con reglas claras

Las obras sociales sindicales funcionan dentro de un sistema solidario de salud. No son prepagas comerciales ni negocios individuales: se financian con los aportes de los trabajadores y garantizan cobertura a cientos de miles de familias. En este esquema, es lógico que existan mecanismos complementarios para quienes sostienen ese financiamiento día a día a través de su afiliación gremial. Hablar de discriminación es desconocer cómo funciona la seguridad social en la Argentina: se trata de solidaridad organizada, no de privilegios arbitrarios.

Coseguros: un aporte histórico, no un invento ilegal

Es clave aclarar que en este punto no es la obra social la que define los coseguros, sino el sindicato. Desde hace décadas, se complementa con un aporte gremial directo gran parte del costo de medicamentos y prestaciones médicas, más allá de lo que cubre la obra social. Esta práctica histórica ha significado un alivio concreto en el bolsillo de los trabajadores, especialmente en un contexto de medicamentos dolarizados y tratamientos cada vez más costosos.

Lo llamativo es que esta metodología, reconocida y valorada por los propios afiliados, nunca fue objetada por ATE en todos estos años. Si realmente se tratara de una medida "miserable" o "extorsiva", ¿por qué no fue denunciada desde el primer día que se implementó? La respuesta es evidente: porque se trata de una política solidaria y beneficiosa, que ahora se intenta tergiversar en el marco de una disputa gremial.

El trasfondo político de la denuncia

Lamentablemente no podemos pensar otra cosa que detrás de estas acusaciones hay un objetivo político claro. La estrategia de la conducción actual de ATE, en particular de Rodolfo Aguiar, ha sido colocar como "enemigos" a otros sindicatos y dirigentes gremiales, incluso por encima de quienes ejecutan despidos, recortes y políticas de flexibilización laboral.

Ni Abdala, ni De Gennaro, ni Godoy ni Catalano -todos ellos con trayectorias diversas y posiciones firmes dentro de ATE- eligieron jamás la táctica de romper todo como estrategia de crecimiento gremial ni personal. Por eso resulta llamativo que hoy se apueste a un enfrentamiento permanente como forma de instalar conducción, aun a costa de desviar la atención del verdadero conflicto con el poder político y económico.

Así, estas denuncias no aparecen como un intento genuino de defender la salud de los trabajadores, sino como parte de una campaña para debilitar a organizaciones competidoras. El problema de fondo es que esta táctica termina siendo funcional a quienes prefieren a los sindicatos divididos y enfrentados entre sí, en lugar de unidos frente a los ajustes.

La diferencia en la relación con la salud y los afiliados

También es necesario señalar la diferencia concreta en la manera de abordar la salud. Hay organizaciones sindicales que han construido sistemas complementarios sólidos, destinando aportes gremiales para cubrir parte de los medicamentos y prestaciones, e invirtiendo en centros propios de salud y clínicas de referencia, como las Clínicas Anchorena, que atienden a todos los afiliados sin tratos diferenciales.



ATE, en cambio, nunca invirtió en nada de esto para sus afiliados. Prefirió limitarse a la cobertura básica que brindan las obras sociales estatales. Es cierto: ha destinado recursos a cuestiones que no son menores -como ajuares, kits escolares y distintos subsidios-, pero la pregunta que queda flotando es cuál es el criterio de inversión de la plata de los trabajadores, si no se considera prioritario reforzar la salud. ¿Será que el presupuesto encuentra más destino en la política y en las luchas internas que en garantizar un beneficio sanitario duradero?

El valor histórico de las obras sociales sindicales

No se puede reducir la denuncia a una cuestión coyuntural sin reconocer que muchas organizaciones gremiales han garantizado históricamente un sistema de salud de calidad, con clínicas propias, convenios de alta complejidad y cobertura en tratamientos que otras no pueden sostener. Ese legado de gestión sanitaria sindical se construyó con décadas de esfuerzo e inversión concreta, siempre con la premisa de atender a todos los afiliados de manera igualitaria.

Y esto cobra aún más relevancia en el presente, cuando las obras sociales de todos los gremios atraviesan una crisis profunda producto de la inflación, el encarecimiento de medicamentos dolarizados, la falta de actualización en los reintegros del Estado y la creciente demanda de prestaciones de alta complejidad. En este contexto, sostener clínicas, centros propios y una red de servicios de calidad es un desafío enorme que sólo puede explicarse por la inversión constante y el compromiso histórico del movimiento sindical con la salud de sus afiliados.

La necesidad de responsabilidad institucional

Cuando se tiene responsabilidad institucional -gremial, política y patrimonial- se entiende que no todo vale. Esa responsabilidad impide salir a "romper todo" o confrontar con quienes, en realidad, tendrían que ser hermanos y aliados en la defensa de los trabajadores. Porque quienes eligen ese camino saben, en el fondo, que terminan siendo funcionales a los que no quieren que los gremios sigan cumpliendo su rol mayor: proteger derechos, garantizar solidaridad y sostener un sistema de seguridad social único en el mundo.



Entre acusaciones y realidades

Sería bueno que alguien informe con claridad qué está pasando en términos gremiales. ATE acusa de "miles de desafiliaciones" y de pérdida de representatividad, pero esas cifras nunca se explican ni se verifican. Lo cierto es que, en lugar de responder con palabras o entrar en una confrontación mediática, el otro gremio opta por contestar con hechos: inaugura clínicas, amplía servicios y subsidia a sus afiliados en los gastos de salud. Esa es la diferencia: mientras unos gritan números, otros muestran gestión.

Esto no es una defensa de UPCN, pero cuando uno toma los datos duros, la realidad es la que es: ¿por qué sigue siendo el sindicato mayoritario, con todos los gobiernos y en todas las coyunturas? Si las acusaciones fueran ciertas en los términos que se plantean, ya hace tiempo debería haber dejado de serlo. Y ahí aparece la similitud: ATE con Aguiar se parece cada vez más a Milei. Uno dice que si llueve es culpa de los "kukas", y el otro que si hace frío es culpa de Andrés Rodríguez. Algún día habrá que lograr una unidad de objetivos para defender a los trabajadores, y dejar las peleas mediáticas para otros que viven de eso.



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