9 de febrero de 2026
Mientras los incendios forestales siguen activos el sur del país, emerge una dimensión menos visible pero igual de devastadora: el impacto profundo que la lucha contra el fuego tiene en la salud mental y las condiciones laborales de quienes combaten las llamas.
Los incendios que azotan a la Patagonia no solo arrasan bosques, viviendas y ecosistemas. También dejan marcas persistentes en quienes están en la primera línea. Brigadistas, bomberos y combatientes del fuego conviven con cuadros de estrés extremo, insomnio, ansiedad, depresión y estados de alerta permanente, consecuencias directas de jornadas interminables y exposición continua al peligro. La repetición de escenas traumáticas y la falta de descanso agravan este desgaste emocional que muchas veces se gestiona en silencio.
Especialistas en salud mental advierten que los síntomas más frecuentes incluyen sueños recurrentes vinculados al fuego, hipervigilancia, irritabilidad y agotamiento emocional, señales que pueden evolucionar a trastornos más severos si no se abordan. En muchos casos, estas secuelas emergen cuando termina la emergencia física: el cuerpo puede estar fuera del fuego, pero la mente continúa en estado de alerta constante.
Esa tensión crónica se combina con una realidad laboral precaria. En medio de la emergencia -y en un contexto de ajuste presupuestario-, los brigadistas denuncian salarios bajos que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas y exigen un salario digno, estabilidad laboral y pase a planta permanente.

En la práctica, los sueldos mensuales de quienes combaten incendios en parques nacionales y servicios de manejo del fuego rondan entre $620.000 y $860.000, incluso en zonas desfavorables como la Patagonia, cifras que están por debajo de lo que requiere una familia para no estar bajo la línea de pobreza en el contexto económico actual. Muchos brigadistas informan que necesitan trabajos adicionales para llegar a fin de mes, mientras el presupuesto para el combate de incendios y prevención se mantiene reducido.
La dinámica del combate contra incendios profundiza este cuadro. Turnos extensos, escaso descanso y presión constante por evitar que el fuego avance conforman un escenario límite que no solo desgasta emocionalmente, sino que también erosiona la calidad de vida cotidiana. A eso se suma el impacto de ver cómo las llamas destruyen territorios enteros, afectando comunidades y paisajes con los que muchos brigadistas tienen un vínculo afectivo.

Otro factor clave es la falta de espacios para procesar lo vivido. En muchos casos, no existen dispositivos sistemáticos de contención psicológica antes, durante y después de los operativos, lo que deja a los trabajadores solos frente a experiencias traumáticas. El silencio, la sobrecarga emocional y la cultura del sacrificio terminan operando como barreras para pedir ayuda profesional.
Desde el ámbito profesional se remarca que el estrés postraumático no siempre aparece de manera inmediata. Puede manifestarse semanas o incluso meses después de finalizado un incendio, cuando el cuerpo y la mente intentan salir del estado de emergencia constante. Por eso, la prevención y el acompañamiento sostenido resultan fundamentales.
Además del impacto individual, el problema adquiere una dimensión colectiva. El deterioro de la salud mental y las condiciones salariales bajas afectan el desempeño, la toma de decisiones y la seguridad de los propios operativos, en un contexto donde cada error puede tener consecuencias irreversibles. Cuidar a quienes cuidan el territorio se vuelve, así, una cuestión estratégica.
Mientras los incendios continúan activos en distintas zonas de Chubut y la Patagonia, crece el consenso entre especialistas, trabajadores y sindicatos sobre la necesidad de incorporar políticas públicas integrales que aborden tanto la salud mental como las condiciones laborales de los brigadistas, con equipos interdisciplinarios, seguimiento profesional, salarios dignos y estabilidad en el empleo. La emergencia no termina cuando se apagan las llamas: empieza la recuperación física y emocional.
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