13 de agosto de 2026
Investigadores y trabajadores se movilizaron en todo el país contra el ajuste y alertaron que el sector pierde casi ocho puestos de trabajo por día.
La comunidad científica volvió a las calles para denunciar el deterioro del sistema nacional de ciencia y tecnología. Investigadores, becarios, docentes y trabajadores se movilizaron en el Obelisco y distintas ciudades del país bajo una advertencia contundente: desde 2023 se destruyeron alrededor de 6.400 puestos de trabajo en el sector.
El ritmo de pérdida de personal equivale, según las organizaciones participantes, a casi ocho empleos por día. La protesta reunió trabajadores de organismos como Conicet, INTA, INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Servicio Meteorológico Nacional, entre otras instituciones.
Uno de los mayores reclamos apunta al presupuesto. Los investigadores sostienen que los recursos destinados a ciencia y tecnología se encuentran en niveles históricamente bajos y que la combinación de salarios deteriorados, falta de financiamiento y eliminación de programas está provocando una creciente salida de profesionales.
El Conicet aparece entre los organismos más golpeados por la reducción de personal. A las bajas se suman investigadores que aguardan definiciones sobre su continuidad y profesionales que comenzaron a buscar oportunidades en el exterior ante la falta de perspectivas para desarrollar una carrera científica en el país.
El conflicto salarial constituye otro de los puntos críticos. La publicación señala que un investigador posdoctoral con dedicación completa en el Conicet percibe alrededor de $1.500.000, en un escenario en el que especialistas advierten que los ingresos dejaron de resultar competitivos frente a otras actividades y frente a las posibilidades ofrecidas en el extranjero.
El ajuste también comenzó a traducirse en investigaciones que directamente dejan de existir. El investigador Jorge Geffner denunció el cierre de un programa internacional sobre VIH que llevaba ocho años de trabajo y que se desarrollaba junto con universidades extranjeras, entre ellas Harvard.
El proyecto buscaba avanzar sobre herramientas para combatir la infección por VIH y debió ser abandonado luego de quedar sin financiamiento nacional. Para los investigadores, interrumpir estos programas no significa solamente frenar una tarea presente: implica perder años de conocimiento acumulado y equipos científicos especializados.
Durante la movilización se repitió una preocupación central: reconstruir un sistema científico desarmado puede demandar muchos años. La formación de un investigador requiere una carrera universitaria, doctorados y etapas posdoctorales, por lo que la salida de personal calificado genera consecuencias que exceden ampliamente la duración de un programa presupuestario.
Las organizaciones científicas anticiparon que continuarán con las medidas de protesta para reclamar financiamiento, recomposición salarial y continuidad de los proyectos. Mientras tanto, la pérdida de trabajadores y el cierre de investigaciones colocan en discusión el futuro de un sistema científico construido durante décadas y su capacidad para sostener áreas estratégicas para el desarrollo nacional.
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