5 de marzo de 2026
La Justicia ordenó la liquidación total de la histórica cadena de electrodomésticos, que supo tener más de 200 sucursales en todo el país.
La Justicia decretó la quiebra de la histórica cadena de electrodomésticos Garbarino y ordenó la liquidación de todos sus bienes, marcando el final de una empresa que durante décadas fue una de las principales referencias del comercio minorista argentino. La decisión llegó luego de que fracasaran los intentos de rescate financiero y no se alcanzaran acuerdos con los acreedores en el proceso concursal que la compañía atravesaba desde hace años.
Durante su etapa de mayor expansión, la empresa llegó a contar con más de 200 sucursales distribuidas en todo el país y alrededor de 4.500 trabajadores, consolidándose como una de las cadenas más importantes del mercado de electrodomésticos y tecnología en Argentina. Su presencia en centros comerciales y grandes avenidas la convirtió durante años en un actor clave del sector.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la estructura comenzó a achicarse de manera drástica. Al momento de decretarse la quiebra, la empresa apenas mantenía tres locales operativos y una planta reducida a solo 20 empleados, un contraste contundente con la dimensión que supo tener en su etapa de mayor crecimiento.
Los últimos puntos de venta que seguían abiertos estaban ubicados en Avenida Cabildo, casi llegando a Juramento en el barrio porteño de Belgrano; en la calle Uruguay frente a Tribunales; y un outlet en el barrio de Almagro. En esos locales, durante los últimos días, se intentó liquidar parte del stock que aún quedaba disponible.
El informe presentado por la sindicatura judicial reflejó con claridad el deterioro de la actividad comercial. Según ese documento, en enero la empresa registró ventas por apenas $1.769.581,45, una cifra extremadamente baja para una compañía que supo liderar el mercado nacional de electrodomésticos.
El mismo informe detalla que el inventario disponible al 31 de enero estaba compuesto por 1.597 unidades de mercadería, aunque gran parte de esos productos fueron catalogados como "mercadería obsoleta y deteriorada con poco valor comercial debido a su antigüedad", lo que dificultaba aún más la posibilidad de recuperación económica.
Con la quiebra ya decretada, la Justicia avanzará ahora con el proceso de liquidación de los activos de la empresa para intentar cubrir parte de las deudas con acreedores, en un cierre que confirma el final de una de las cadenas comerciales más emblemáticas del país y el desenlace de un proceso de deterioro que se extendió durante varios años.
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