19 de octubre de 2026
Un informe vincula las trayectorias laborales precarias con las dificultades para acceder al crédito, ahorrar y sostener un hogar durante la jubilación.
El crecimiento de la cantidad de adultos mayores que alquilan expone una dimensión de la crisis habitacional vinculada con las condiciones de trabajo y los ingresos acumulados durante la vida activa. El informe "Alquilar toda la vida. Trayectorias residenciales, sostenibilidad y envejecimiento", de la Fundación Tejido Urbano, analiza cómo la informalidad laboral y las dificultades para construir un patrimonio condicionan el acceso a la vivienda y llegan a la vejez como una carga sobre los ingresos jubilatorios.
Los datos de los censos de 2001 y 2022 muestran que, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los hogares inquilinos encabezados por personas de 65 años o más pasaron de 29.949 a 53.453. Su participación dentro de los hogares de ese grupo etario aumentó del 10,2% al 14,7%, mientras que la proporción de propietarios descendió del 82,4% al 76,2%. El estudio toma el caso porteño como ejemplo de un proceso que afecta especialmente a los grandes centros urbanos.
El investigador Marcelo Araujo, de la Fundación Tejido Urbano, explicó que la situación habitacional a los 60 o 70 años también es resultado de las oportunidades y restricciones atravesadas décadas antes. La informalidad dificulta acreditar ingresos, acceder al crédito, acumular ahorros y realizar aportes jubilatorios, por lo que sus efectos exceden el salario del presente y alcanzan la posibilidad de contar con una vivienda durante la jubilación.
El escenario laboral agrega obstáculos a ese recorrido. Según los datos del Ministerio de Capital Humano consignados en la publicación, entre noviembre de 2023 y julio de 2026 se perdieron 265.765 puestos de empleo formal. A su vez, un estudio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), de la UBA y el CONICET, ubicó la informalidad laboral en el 45% durante el segundo trimestre de 2026 e informó un incremento interanual de 348.000 trabajadores informales.
Las dificultades también se manifiestan entre quienes intentan formar un hogar. En el primer trimestre de 2026, el 39,7% de las personas de entre 25 y 35 años continuaba viviendo con sus padres o abuelos. El informe advierte que las generaciones que llegan a la adultez sin un patrimonio equivalente al de sus familias recurren a esos recursos para sostener sus condiciones de vida, lo que reduce el respaldo disponible frente a nuevas crisis.
Para afrontar los gastos cotidianos, muchos hogares utilizan ahorros, se endeudan, trabajan más, reducen consumos o modifican sus decisiones habitacionales. Araujo señaló que estas estrategias pueden resolver necesidades inmediatas a costa de consumir recursos que serán necesarios más adelante. Ese ajuste también se traduce en la postergación de proyectos personales, la formación de una familia y gastos relacionados con la salud y la educación.
El abogado Adrián Canteros Sandoval, especialista en la temática y referente de asociaciones de inquilinos de Corrientes, describió un aumento de adultos mayores que alquilan porque nunca pudieron comprar una vivienda o porque debieron desprenderse de ella. También advirtió que ser propietario no garantiza poder sostener los gastos del hogar, especialmente entre quienes viven solos y dependen de un único ingreso jubilatorio.
La distancia entre ingresos y necesidades aparece en las cifras citadas por la publicación: en octubre, la jubilación mínima con bono se ubica en $505.748, mientras que la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) alcanza los $418.598. Por su parte, la Defensoría de la Tercera Edad estima una canasta de $2.090.646, que incluye unos $365.000 mensuales por vivienda. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, advirtió además sobre las dificultades de quienes intentan vender una propiedad grande para mudarse a otra más pequeña y disponer de recursos para subsistir.
El informe plantea que el análisis del acceso a la vivienda debe contemplar tanto la posibilidad de conseguir un hogar como la capacidad de conservarlo y afrontar sus costos durante el envejecimiento. En ese marco, las condiciones laborales, los aportes previsionales, el ahorro y las redes familiares forman parte de una misma trayectoria. La mayor presencia de inquilinos entre los adultos mayores incorpora el pago del alquiler a una etapa en la que los ingresos dependen, en muchos casos, de una única prestación previsional.
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