30 de julio de 2026

Sociedad

Sociedad. La financiarización del changuito: comer hoy y pagarlo durante todo el año

La caída del poder adquisitivo convirtió a la tarjeta en una extensión del salario: financiar alimentos en supermercados ya puede implicar tasas cercanas al 100% anual.

La tarjeta de crédito dejó de utilizarse solamente para comprar electrodomésticos, ropa o bienes durables. Para una parte creciente de las familias argentinas, se convirtió en una herramienta para cubrir los gastos más elementales. Cuando el sueldo se termina antes que el mes, la comida comienza a pagarse en cuotas.

Una simulación realizada en la tienda online de Jumbo mostró la dimensión del fenómeno. Una compra de $559.095 podía financiarse con una Tasa Nominal Anual del 93% en planes de hasta seis cuotas y del 98% para nueve, diez o doce pagos. Al elegir el plazo más largo, el monto final ascendía a $1.038.128.

En términos concretos, el consumidor terminaba pagando aproximadamente $479.000 adicionales, un recargo cercano al 86% sobre el precio de contado. La cuenta permite resumir el problema de una manera directa: una familia puede terminar pagando casi dos changuitos, aunque solamente se lleve uno.

No se trata de refinanciar el resumen de una tarjeta ni de solicitar un préstamo personal para afrontar una emergencia. El costo financiero queda incorporado desde el comienzo a una compra corriente que incluye alimentos, productos de limpieza y artículos de primera necesidad. De esta manera, el precio real deja de ser el que aparece en la góndola y pasa a ser el valor de los productos más los intereses necesarios para poder comprarlos.

La llamada "financiarización del changuito" tiene su origen en el deterioro de los ingresos. Según un informe de la consultora Equilibra citado por la publicación, el ingreso disponible de los hogares -después de descontar los gastos fijos- cayó en mayo un 2,1% mensual y un 5,1% interanual, y quedó 16,5% por debajo del promedio registrado entre enero y septiembre de 2023.

La pérdida salarial modifica también la función de la tarjeta. Ya no permite adelantar una compra importante, sino que actúa como una extensión artificial del sueldo. El problema es que cada consumo realizado compromete una parte de los ingresos futuros: el salario siguiente llega con cuotas anteriores pendientes y con menos margen para afrontar los gastos del nuevo mes.

El endeudamiento para cubrir necesidades básicas dejó de ser una situación excepcional. La Defensoría del Pueblo bonaerense advirtió que más de la mitad del financiamiento con tarjetas de crédito se destina actualmente a la compra de alimentos, mientras distintos estudios señalan que las tarjetas y los préstamos personales se consolidaron como instrumentos para sostener el consumo cotidiano.

El fenómeno también expone una contradicción del escenario económico. Mientras la inflación mensual se desaceleró hasta niveles cercanos al 2%, el crédito ofrecido a las familias para financiar el supermercado continúa con tasas nominales próximas al 100% anual. La diferencia genera un negocio para los intermediarios financieros y traslada parte de los ingresos de los hogares hacia bancos, tarjetas y grandes cadenas comerciales.

La experiencia no se limita a Jumbo. Carrefour también informa tasas nominales, tasas efectivas y costos financieros totales para compras en cuotas, aunque los valores cambian según la tarjeta, el banco y el plan elegido. El dato central es que la discusión sobre el poder adquisitivo ya no puede reducirse a comparar salarios e inflación: también debe medir cuánto cuesta financiar la diferencia cuando el sueldo no alcanza. Para miles de familias, el precio efectivo de comer ya no es solamente el de la góndola: es el de la góndola más la tasa de interés.

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