18 de mayo de 2026
La caída supera incluso los niveles registrados durante la pandemia y ya se perdieron más de 327 mil puestos de trabajo registrados.
La crisis económica comienza a mostrar uno de sus impactos más profundos en el corazón del aparato productivo argentino. Según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde la asunción de Javier Milei ya cerraron 24.437 empresas en todo el país, en un escenario que golpea de lleno al empleo formal, a las pymes y a distintas ramas estratégicas de la economía nacional. La cifra no solo refleja el deterioro de la actividad económica, sino que además supera el nivel de destrucción empresarial registrado durante la pandemia de Covid-19.
De acuerdo al informe correspondiente a febrero de 2026, la cantidad de empleadores registrados pasó de 508.187 a 483.750 entre noviembre de 2023 y febrero de este año. Esto representa una caída del 4,8% del entramado productivo nacional. En paralelo, la cantidad de trabajadores registrados bajo el sistema de riesgos del trabajo cayó en 327.813 personas, consolidando un escenario de fuerte retroceso para el empleo privado formal.
El informe advierte que la caída ya acumula 17 meses consecutivos de retroceso, afectando principalmente a sectores vinculados al consumo interno, la construcción, el comercio y la industria manufacturera. Entre los rubros más golpeados aparecen el inmobiliario, transporte y almacenamiento, organismos extraterritoriales, industria manufacturera y servicios profesionales. A esto se suma el deterioro del comercio, que continúa sintiendo el impacto de la caída del consumo y la apertura importadora impulsada por el Gobierno nacional.
Uno de los datos más alarmantes es que el deterioro actual ya es comparado con el peor momento de la pandemia. Según distintos análisis económicos elaborados sobre la base de los datos oficiales, la velocidad de destrucción de empresas en la gestión Milei se convirtió en una de las más fuertes de las últimas décadas, sólo comparable con el derrumbe económico registrado entre 2020 y 2021. La diferencia es que, en aquel momento, el país atravesaba restricciones sanitarias globales y parálisis económica producto del Covid-19.
El escenario también expone una fuerte desigualdad territorial. Mientras gran parte de las provincias muestran caídas pronunciadas, Neuquén aparece como la única excepción importante, impulsada por la expansión de Vaca Muerta y la actividad hidrocarburífera. En contraste, provincias como La Rioja, Catamarca y Chaco aparecen entre las más afectadas por el cierre de empresas y la retracción económica.
Desde el Gobierno nacional relativizan la magnitud de la crisis y sostienen que existe una "reasignación de recursos" vinculada a un cambio de modelo económico. Sin embargo, distintos sectores productivos y empresarios vienen alertando sobre el cierre masivo de pymes, la caída de ventas, el aumento de costos y las dificultades para sostener el empleo. Incluso entidades empresariales comenzaron a reclamar medidas urgentes frente al incremento de embargos, la presión impositiva y el desplome del mercado interno.
La situación vuelve a encender alarmas dentro del movimiento obrero y entre distintos sectores industriales, que observan con preocupación cómo el ajuste económico impacta directamente sobre el empleo registrado y el entramado productivo nacional. La pérdida de empresas no sólo implica cierre de persianas: detrás de cada firma que desaparece hay trabajadores despedidos, familias afectadas y economías regionales cada vez más debilitadas.
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