20 de mayo de 2026
La caída de la recaudación y el freno de la actividad económica empiezan a poner límites al plan de ajuste de Javier Milei.
Después de más de un año y medio de fuerte ajuste fiscal, dentro del Gobierno nacional ya comienzan a reconocer que la llamada "motosierra" empieza a encontrar límites económicos, sociales y políticos. Según trascendió en las últimas horas, el equipo económico de Javier Milei considera que ya existe poco margen para seguir profundizando el recorte del gasto público, mientras crece la preocupación por la caída de la recaudación y el freno de la actividad económica.
El dato refleja un cambio importante respecto al discurso que el oficialismo mantuvo desde el inicio de la gestión libertaria, cuando el ajuste aparecía como la principal herramienta para alcanzar el superávit fiscal. En ese período, el gasto público cayó cerca de cinco puntos del PBI, ubicándose en torno al 14,1%, uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.
Sin embargo, el escenario económico actual comienza a mostrar señales de desgaste. La desaceleración del consumo, la caída de la actividad y el deterioro del mercado interno impactaron de lleno sobre los ingresos del Estado. Según distintos análisis económicos, la recaudación tributaria viene mostrando una fuerte retracción, especialmente en impuestos vinculados al consumo y a la actividad económica, lo que obliga ahora al Gobierno a buscar nuevas fuentes de financiamiento sin profundizar aún más el ajuste.
En ese contexto, el Ministerio de Economía encabezado por Luis Caputo analiza alternativas para aumentar ingresos fiscales mientras intenta sostener la meta de superávit. Entre las opciones aparecen modificaciones tributarias, revisiones de exenciones impositivas y mayores controles sobre distintos sectores económicos. El problema para el oficialismo es que muchas de las partidas más sensibles ya fueron fuertemente recortadas durante 2024 y 2025.
Los principales ajustes realizados hasta ahora impactaron sobre jubilaciones, obra pública, transferencias a provincias, subsidios, salarios estatales y programas sociales. Distintos economistas advierten que continuar recortando sobre esas áreas podría profundizar todavía más el deterioro económico y social.
Además, dentro del propio oficialismo crece la preocupación por el impacto político del ajuste permanente. La caída del consumo, los despidos en distintos sectores y el deterioro salarial comienzan a generar mayor malestar social, mientras distintos gremios y organizaciones sindicales intensifican protestas y reclamos contra las políticas económicas del Gobierno.
En paralelo, varios especialistas advierten que existe un riesgo de "círculo vicioso": cuanto más se ajusta sobre una economía deprimida, más cae la actividad y, en consecuencia, también se desploma la recaudación. Ese fenómeno podría obligar al Gobierno a seguir aplicando recortes para sostener el equilibrio fiscal, profundizando aún más la recesión.
Desde sectores sindicales y sociales vienen denunciando desde hace meses que el ajuste impacta directamente sobre trabajadores, jubilados, universidades, hospitales y áreas sensibles del Estado. En ese marco, las señales de agotamiento del modelo de recorte empiezan a abrir interrogantes sobre cuál será el próximo paso económico del Gobierno de Milei.
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