22 de mayo de 2026
Estados Unidos, China, fondos de inversión, denuncias de direccionamiento y una feroz interna libertaria rodean la disputa por el control de la principal vía de exportación de la Argentina.
La licitación por el mantenimiento y dragado de la hidrovía Paraná-Paraguay volvió a quedar en el centro de la escena política, económica y geopolítica tras revelarse una compleja trama de disputas internacionales, sospechas de direccionamiento, lobby extranjero e internas dentro del propio gobierno de Javier Milei. El tema fue abordado en profundidad por el periodista Daniel Bilotta durante el programa Odisea Argentina, donde expuso cómo la pelea por el control de una de las rutas comerciales más importantes de América Latina ya involucra directamente a Estados Unidos, China y sectores clave del poder libertario.
La hidrovía Paraná-Paraguay tiene más de 3.400 kilómetros de extensión y representa la principal salida para las exportaciones agrícolas argentinas y sudamericanas. Por allí circula gran parte de la soja, cereales y derivados que abastecen mercados internacionales. Pero detrás de lo comercial aparece ahora una dimensión mucho más sensible: la geopolítica global.
Según explicó Bilotta, en Washington consideran que la hidrovía tiene un valor estratégico fundamental ante una eventual escalada de tensiones comerciales o militares con China. Para Estados Unidos, un eventual control chino sobre la vía de salida de alimentos sudamericanos representaría un riesgo geopolítico de enorme magnitud. En paralelo, para Beijing garantizar el flujo de soja y alimentos resulta central para sostener su cadena de abastecimiento interno.
En ese contexto, los pliegos de la licitación establecieron restricciones explícitas para impedir la participación directa de capitales chinos. Sin embargo, comenzaron a surgir sospechas sobre posibles vínculos indirectos entre algunos actores empresariales involucrados y firmas estatales del gigante asiático.
Actualmente compiten dos empresas belgas: Jan de Nul y Deme. La primera aparece asociada a la firma Servi Magnus, una compañía logística que quedó bajo la lupa por sus presuntos vínculos con empresas estatales chinas. La situación encendió alarmas dentro de sectores políticos y diplomáticos estadounidenses, que comenzaron a seguir de cerca el proceso licitatorio argentino.
Según trascendió, Jan de Nul obtuvo una ventaja técnica muy amplia en la evaluación preliminar de ofertas, con una puntuación de 66,20 puntos frente a los 42,14 de Deme. A partir de esa diferencia comenzaron a crecer las sospechas de direccionamiento, especialmente porque la primera licitación ya había sido suspendida meses atrás luego de un duro dictamen de la Procuración de Investigaciones Administrativas (PIA), que advirtió posibles irregularidades.
En el entramado empresarial también apareció mencionado el empresario Gustavo "El Turco" Elías, mientras que Deme reaccionó asociándose con fondos y grupos vinculados a Estados Unidos, entre ellos Clear Street y el fondo KKR, buscando equilibrar el peso político y geopolítico de la disputa.
Pero el conflicto no quedó limitado al plano empresarial. El caso abrió además una fuerte interna dentro del gobierno libertario. Según el análisis presentado por Bilotta, Santiago Caputo habría quedado como uno de los principales operadores políticos e institucionales detrás de la licitación, pese a no ocupar formalmente un cargo dentro del Estado.
En paralelo, comenzaron a surgir versiones sobre tensiones entre Caputo y otros sectores del oficialismo vinculados a Guillermo Francos y Mauricio Macri. Según se deslizó en el programa, existían diferencias sobre cómo manejar el proceso licitatorio luego de las denuncias de irregularidades y las presiones internacionales alrededor de la hidrovía.
El conflicto escaló todavía más cuando trascendió que la empresa Deme contrató en Estados Unidos a Arthur Vandersande, un exagente del IRS especializado en investigaciones vinculadas al lavado de dinero y evasión fiscal. El objetivo habría sido desplegar una fuerte estrategia de lobby en Washington para denunciar posibles vínculos entre el proceso licitatorio argentino y sectores cercanos al gobierno chino.
Incluso se mencionó que fueron presentados informes ante funcionarios estadounidenses alertando sobre reuniones entre integrantes de la Agencia Nacional de Puertos y representantes diplomáticos chinos. La hidrovía argentina pasó así a convertirse en una pieza más dentro de la disputa global entre Estados Unidos y China.
En ese marco también quedó bajo análisis el reciente viaje de Santiago Caputo a Washington, donde mantuvo reuniones con dirigentes republicanos y funcionarios cercanos a Donald Trump. Mientras algunas versiones sostienen que el asesor presidencial fue convocado para dar explicaciones sobre el proceso licitatorio, desde sectores oficiales aseguran que el viaje tuvo como objetivo aclarar que China no tendrá participación en la concesión y avanzar en acuerdos estratégicos entre organismos de inteligencia argentinos y estadounidenses.
La tensión internacional, las denuncias cruzadas y el peso geopolítico de la hidrovía empiezan ahora a complicar los tiempos previstos para el cierre definitivo de la licitación. Según el análisis presentado en Odisea Argentina, resulta cada vez más difícil que el proceso pueda cerrarse en las fechas originalmente previstas.
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