21 de enero de 2026
La provincia resiste mejor que otras el impacto del ajuste, pero acumula miles de empleos perdidos, cierre de pymes y un deterioro profundo del trabajo privado.
La matriz productiva de Córdoba, históricamente sostenida en el empleo privado formal, atraviesa un proceso de deterioro que ya se refleja con claridad en el mercado laboral. Entre septiembre de 2023 y septiembre de 2025, la provincia perdió 11.200 puestos de trabajo asalariados registrados en el sector privado, en un contexto de ajuste económico nacional, caída de la actividad y retracción del consumo.
La destrucción de empleo viene acompañada por un fenómeno igual de preocupante: la desaparición de empresas. En ese mismo período, cerraron 3.746 unidades productivas en la provincia, lo que equivale al 7,7% del total de empleadores, según datos oficiales. En términos concretos, en Córdoba cierran en promedio cinco empresas por día, un proceso que golpea de manera abrumadora al sector privado.
Si bien la caída del empleo privado en Córdoba fue del 2,07%, menor al promedio nacional del 3,04%, el dato no alcanza para revertir el diagnóstico. El menor ritmo de destrucción relativa de puestos de trabajo convive con una pérdida sostenida de empresas, precarización laboral y avance de la informalidad, lo que debilita el entramado productivo provincial.
Desde el Gobierno cordobés sostienen que el impacto fue parcialmente amortiguado por políticas activas de empleo, como los programas PPP y Empleo +26. En sus ediciones 2024 y 2025, estas iniciativas permitieron generar 6.200 puestos de trabajo directos con contratos por tiempo indeterminado y facilitaron la inserción laboral de más de 23.000 personas a través de prácticas laborales. Sin ese esquema, estiman fuentes oficiales, la caída del empleo privado habría sido del 3,24%, con alrededor de 17.200 puestos perdidos desde fines de 2023.
La crisis se siente con mayor fuerza en las micro y pequeñas empresas, de hasta diez trabajadores, que constituyen la base histórica del empleo cordobés. Muchas cerraron definitivamente; otras lograron subsistir deslizándose hacia la informalidad, expulsando empleo registrado y deteriorando la calidad del trabajo. El resultado es un mercado laboral estancado, con baja productividad, salarios deteriorados y creciente precarización.
La paradoja cordobesa queda así expuesta. La provincia que mostró respaldo político al proyecto de Javier Milei logra resistir mejor que otras gracias a políticas propias y a su perfil productivo, pero no logra escapar al deterioro estructural. Menos empresas, menos empleo privado y una matriz laboral cada vez más frágil ponen en cuestión el corazón del modelo económico provincial y anticipan un escenario de creciente tensión social y laboral.
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