En un año, la cantidad de repartidores activos en Rappi pasó de 40 mil a más de 150 mil. El salto del 252% no expresa prosperidad, sino el impacto de la recesión: menos empleo formal, más trabajadores volcados a las apps y un ingreso que se achica para todos.
Las plataformas de reparto crecieron como una salida de emergencia ante la falta de empleo formal, pero también arrastran altos niveles de explotación y jornadas interminables para alcanzar ingresos mínimos. Un nuevo informe revela cuántos viajes deben realizar los repartidores para cubrir gastos básicos como mantener a sus hijos, pagar un alquiler o afrontar el monotributo.
Julián de Diego asesora a firmas importantes, entre ellas Rappi, y ya hablan de conflicto de de intereses por su rol en la redacción de la Reforma.