23 de marzo de 2026
El salto en los surtidores presiona toda la economía mientras el Gobierno insiste con paritarias por debajo de la inflación.
Argentina dejó de ser un país "barato" en materia de combustibles y pasó, en cuestión de semanas, a ubicarse entre los más caros de la región, con un litro de nafta que ya ronda los US$ 1,30, cuando hace apenas días se ubicaba en torno a US$ 1,10. La suba no es menor: impacta de lleno en toda la estructura de costos de la economía.
El aumento responde, en parte, a la suba internacional del petróleo -impulsada por el conflicto y la escalada bélica con Irán- que trepó cerca de un 30%, pero también a decisiones internas como la actualización de impuestos y la liberación de precios. Sin embargo, lo que más preocupa es que ese traslado no fue completo y aún hay presión para nuevos incrementos.
En este contexto, Argentina escaló posiciones en el ranking regional y hoy se ubica entre los países con combustibles más caros, superando incluso a economías con mayores ingresos promedio, lo que genera un desfasaje directo sobre el poder adquisitivo.
Pero el verdadero problema no termina en el surtidor. Cada aumento de la nafta se traslada automáticamente a la cadena productiva: sube el costo del transporte, se encarecen los alimentos, aumenta la logística, impacta en la industria y también en la generación de energía. Es decir, todo lo que consume la sociedad se encarece.
En particular, el sector alimenticio es uno de los más golpeados. El traslado del costo del combustible a los precios finales es casi inmediato, lo que termina acelerando la inflación en productos básicos. Lo mismo ocurre con tarifas, distribución y servicios esenciales.
Este escenario se da mientras el Gobierno busca imponer un techo a las paritarias del 2% mensual, muy por debajo de la inflación registrada: 2,9% en enero, 2,9% en febrero y proyecciones que ya hablan de 3,5% para marzo. La consecuencia es clara: los salarios corren de atrás y pierden poder de compra mes a mes.
En términos concretos, el esquema económico actual combina precios liberados y salarios pisados, lo que genera una transferencia directa de ingresos desde los trabajadores hacia los sectores concentrados de la economía.
Además, el impacto no es solo inmediato. La suba de combustibles funciona como un motor inflacionario permanente, porque reacomoda expectativas y empuja nuevas remarcaciones en todos los sectores, profundizando el deterioro del ingreso real.
En este marco, el ajuste se vuelve evidente: los trabajadores y trabajadoras son quienes terminan absorbiendo el costo del nuevo esquema económico, con salarios que no alcanzan, precios en alza constante y una economía cada vez más cara para vivir.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.